Escritura evolucionada
La grafía se considera evolucionada cuando ha tenido un proceso progresivo de desarrollo, de transformación, que le otorga caracteres individuales. La escritura se aleja entonces de los cánones modélicos iniciales e implanta su sello personal. Esta transformación gráfica es traducción directa de un mayor grado de cultura, independencia de criterio, adaptación mental y fuerza del yo. La escritura evolucionada puede afirmarse que es el marchamo de la madurez, de la asunción de responsabilidades, de amplitud de miras y comprensión intelectual. Isabel Sánchez-Bernuy, Grafología y aplicaciones.
domingo, 3 de julio de 2011
miércoles, 22 de junio de 2011
Coloquio sobre la firma, en la Sociedad Española de Grafología



Coloquio sobre la firma, en la Sociedad Española de Grafología
Nuevos cauces de información para el análisis grafológico de la firma
“No se ha descubierto aún lo fascinante que es la Grafología. No hay test más completo y profundo”. Isabel Sánchez-Bernuy.
Texto e imágenes: BEGOÑA MARDONES GÓMEZ
El sábado 18 de junio de 2011 se celebró un Coloquio sobre la firma, en la Sociedad Española de Grafología. Intervinieron el profesor don Juan Carlos Belda y la profesora doña Isabel Sánchez Bernuy, que aportó nuevos cauces de información para el análisis grafológico de la firma.
Don Juan Carlos Belda abordó La firma y su significado. “Hablar del significado de la firma entra dentro de la apreciación particular que de ella hacen los diferentes grafólogos y quizá encontremos contradicciones, pues no se tienen presentes las diferentes variables que expresan su verdadero significado. El mosaico de definiciones que los maestros nos dan del constructo* de la firma es rico y variado, y en su conjunto nos aproxima a una verdadera percepción del buscado significado”, señaló.
*Constructo es, en psicología -aclaró el profesor Belda- cualquier entidad hipotética de difícil definición dentro de una teoría científica. Son constructos la inteligencia, la personalidad y la creatividad, dijo don Carlos Belda.
Diferentes planteamientos de los maestros
El profesor Belda expuso las definiciones que diversos especialistas en la materia han dado sobre la firma. Para Max Pulver, “la firma es una biografía abreviada”. Según Augusto Vels, “es una autoimagen que sirve de sello de identificación y afirmación del propio yo frente al entorno”. Para Matilde Ras “en la firma se ven las más secretas ambiciones de la persona”. El profesor Mauricio Xandró señala que “la firma es un cruce de caminos donde se dan la mano la evolución del sentimiento de inferioridad, la lucha por la autenticidad y las huellas del egocentrismo. En una palabra, se ve en ella el momento actual de la persona”.
La firma -siguió diciendo don Juan Carlos Belda- tiene, unida a su propia realización, un sello propio que se lleva a cabo de una forma natural (aprendemos a escribir, pero nadie nos enseña cómo firmar); está integrada por un conjunto de elementos que definen su composición y le dan una peculiar estructura, formada por un componente creativo, elegido libremente, una parte que busca la propia seguridad individual, y la combinación de gestos automatizados y habituales que le otorgan una consistencia estable.
Seguidamente don Carlos Belda se centró en la Simbología de la firma y pasó a explicar lo que representa el nombre (el entorno familiar, la infancia); el primer apellido (el plano social, el triunfo personal, el padre, el esposo, el clan familiar); y el segundo apellido (principalmente la madre y, en algunas naciones, el esposo).
De manera habitual -dijo el profesor Belda- se utilizan varios tipos de firma, que reflejan los diferentes roles en los que la persona se encuentra inmersa: la firma oficial, que es la que figura en el documento nacional de identidad, representa el yo social, profesional y público; la firma artística, que es la utilizada para firmar obras de arte, por ejemplo; la firma abreviada o visé, que representa nuestro “yo operante”; y la firma familiar, la más auténtica, que revela la intimidad de nuestro yo.
Evolución de la personalidad con su asociación a la firma
El profesor Belda indicó que “desde que comenzamos a firmar hasta los veinte años, aproximadamente, es fácil encontrar una firma envolvente. Hacia los veinticinco años, y a medida que va madurando la personalidad, comienza a abrirse una parte de la firma; hacia los treinta años tiende a disminuir a favor del nombre y los apellidos; y hacia los cuarenta, va disminuyendo la rúbrica”.
Cuando existe una evolución positiva, señaló el profesor Belda, la firma es legible, en ligero ascenso, las letras son algo mayores que las del texto, y no existen exageraciones de ningún tipo.
Don Juan Carlos Belda ilustró la teoría con numerosos ejemplos y comentó con los alumnos algunas firmas de personajes ilustres, como el Rey don Juan Carlos, doña María Moliner, o don Luis María Ansón.
Reflexiones sobre firmas y rúbricas
La segunda parte del Coloquio estuvo a cargo de doña Isabel Sánchez-Bernuy, prestigiosa grafóloga, que aportó nuevos enfoques para el análisis de la firma.
“Si bien es cierto que el estudio de la firma es un tema clásico, la Grafología tiene que volar más allá de los ítems tradicionales. Es necesario contrastar y profundizar más en un tema tan apasionante para obtener cada vez mejores resultados y seguridad en su correspondiente análisis”, señaló la profesora Sánchez Bernuy.
“En principio, el estudio de la firma, como el del grafismo en general, supone un reto o medición de fuerza entre lo escrito y el especialista grafólogo”, señaló doña Isabel Sánchez-Bernuy. “A veces, si la observación y los conocimientos no son profundos, el grafólogo pierde la batalla y, como consecuencia, la Grafología puede quedar también negativamente afectada. Pero, si se es capaz de descubrir toda la información que contiene una firma o un manuscrito, con preparación, paciencia y objetividad, entonces el resultado será plenamente satisfactorio”.
“El aprendizaje del grafólogo, como en cualquier otra disciplina, no tiene fecha de caducidad. Es imprescindible -afirmó- someterse a los postulados de la autocrítica positiva. La humildad, la erudición y la imparcialidad avalarán siempre el éxito”.
La profesora Isabel Sánchez-Bernuy ofreció a los asistentes al Coloquio nuevas aportaciones en este campo, como: el Viaje al inconsciente del autor, Niveles de entidad, Clases de solidez, Valores complementarios, etc., para acceder así, de forma sencilla y eficaz a la redacción de las conclusiones obtenidas en un sector tan importante, personal y trascendente como es la firma.
Para doña Isabel Sánchez Bernuy es necesario -señaló- compartir todos los descubrimientos que se vayan haciendo en el campo grafológico, ya que, de no ser así, la Grafología tardará mucho más en colocarse en el lugar que le corresponde.
Doña Isabel expuso a los asistentes unos puntos de reflexión sobre esta materia:
- Análisis del material y de la composición: en ocasiones el grafólogo se encuentra con que el material que le facilitan es incompleto, o con que la firma está en condiciones inadecuadas (resguardos del banco, poco espacio para firmar en un terreno muy limitado…). La composición a veces es deficiente: aparece un garabato o un visé, el estado anímico del firmante es coyuntural…
- Observación (analítica y sintética). Es necesario poner a trabajar el cerebro, anotar todo que lo emita. Ahí volcamos todos los conocimientos que hemos ido adquiriendo. La experiencia es un factor muy importante.
- Viaje al inconsciente del autor. Conviene hacer una fotocopia ampliada y después llevar a cabo el mismo recorrido que el autor. Interesa ir a su inconsciente y ver cómo deriva su trayectoria. En este punto pueden descubrirse muchos elementos, como la astucia, la necesidad de ocultar el verdadero yo… Se hallan así defectos, huecos sin resolver. Todas las parcelas que están sin solucionar van a incidir en el comportamiento de la persona. Es un pulso entre el autor de la firma y el grafólogo.
- Información consciente. Aquí debemos analizar cómo es la firma: ascendente, descendente, grande, pequeña…
- Grado de legibilidad. Analizaremos si la firma es intencionadamente ilegible, si es legible, o mixta, qué sucede con la parte que se ha hecho ilegible…
- La entidad. Es la faceta que representa todo aquello que se aleja de la norma. Puede tener un nivel alto, medio o bajo. La entidad es un conjunto de factores, dentro de la firma, que se alejan de la norma. Cuando una firma tenga entidad de nivel alto, esos factores representan huecos sin resolver. Lo importante es que la entidad no llame la atención, señaló doña Isabel Sánchez-Bernuy. Si no tiene entidad, no existe endiosamiento, y ahí está la madurez. Cuando tiene una entidad significativa, algo puede estar pasando.
- Solidez. Ayuda mucho en la resolución de las firmas. Si el individuo la realiza con decisión, con desparpajo, está arraigada, hay solidez. Se puede ver enseguida si la firma está adiestrada o no. En la solidez se halla el grado de madurez de la persona. Esa firma causa muy buena impresión. La entidad y la solidez son aspectos importantísimos.
- Valoraciones complementarias. Podemos observar los gestos típicos, individuales, si rubrica antes de firmar, si aparece un punto al final…Todo esto nos da información muy valiosa a la hora de hacer el informe.
- Conclusiones. Debemos barajar todos los elementos encontrados, ensamblar y descubrir el mensaje que hay entre unos factores y otros.
- Informe. El informe debe ser claro; concreto (que se atenga a la realidad); completo (hasta donde podamos llegar); correcto (sobre todo a la hora de expresar los aspectos negativos); y, por último, confidencial. El objetivo del informe es que sea útil. Ha de servirle a la persona analizada para trabajar en su propio crecimiento.
A continuación, doña Isabel Sánchez-Bernuy analizó con los alumnos asistentes al Coloquio dos firmas muy interesantes, en las que aplicó todos los elementos enumerados anteriormente. Destacó lo importante que era matizar en cada rasgo. “Dentro de cada apartado -dijo- hay un abanico de matices que tenemos que relacionar”.
Por último, el profesor Juan Carlos Belda repartió los diplomas a los alumnos asistentes, y la profesora Sánchez Bernuy firmó ejemplares de su obra.
miércoles, 20 de abril de 2011
Coloquio sobre Grafología simbólica, en la Sociedad Española de GrafologíaTexto e imágenes: Begoña Mardones Gómez
El que escribe confecciona su autorretrato
Max Pulver
El sábado, día 16 de abril, se celebró un Coloquio sobre Grafología simbólica, en la Sociedad Española de Grafología. El profesor don Juan Carlos Belda comenzó el Encuentro con una ponencia titulada Aproximación a la Grafología simbólica. “El inconsciente colectivo -señaló- es un concepto básico en la teoría que desarrolla el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. En ella establece que existe un lenguaje común a todos los seres humanos en todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón”.
Carlos Belda añadió que, para Jung, el inconsciente colectivo es un concepto que se puede comprobar empíricamente, ya que se expresa a través de sueños, fantasías, datos transculturales, etc.
Dentro del inconsciente colectivo -siguió diciendo el profesor Belda- se encuentran los arquetipos, que son funciones psíquicas inconscientes y colectivas, heredadas, que predisponen al ser humano a responder ante el mundo de determinadas formas.
En el símbolo encontramos un hecho complejo, no simple, aunque así nos lo parezca en una primera apreciación, dijo don Carlos Belda. En el contenido se mezclan elementos racionales e irracionales y los producimos sin reparar en ello. Un ejemplo son los garabatos que a veces realizamos mientras hablamos por teléfono o llevamos a cabo otra actividad, como en una reunión, en una clase o en una conferencia. Estos garabatos -señaló Belda- están efectuados de manera inconsciente, pues el plano de la conciencia está ocupado en la atención a quien habla o al tema en cuestión. Muchas veces efectuamos garabatos con figuras geométricas: triángulos, cuadrados, círculos. Esto también se da en la escritura. Si observamos con una lupa los grafemas podemos descubrir símbolos ocultos entre las letras. Nuestros grafismos son una muestra de que el símbolo está presente dentro de nuestra mente y lo expresamos de forma inconsciente.
Juan Carlos Belda profundizó en Escuela de Grafología Simbólica fundada por el suizo Max Pulver. Para él, el que escribe confecciona su autorretrato. El hombre refleja en su escritura símbolos que están marcados en el inconsciente.
Pulver señala que debemos fijarnos en cómo se escribe, en cómo trazamos cualquier grafema. Es importante ver cómo se realiza una firma, por ejemplo -dijo Juan Carlos Belda- que la persona nos muestre cómo hace los trazos: las progresiones, las regresiones…
La zona superior -señaló el profesor Belda- refleja la divinidad, el misticismo, el orgullo, la superioridad. Es el área del pensamiento, de la ambición, del poder, de la fantasía, de la imaginación… La zona inferior simboliza el materialismo, la sexualidad, el dinero, la excitación, el fracaso, la caída moral; es el área de la parte biológica, de los instintos, del inconsciente.
A la derecha está lo social, el camino hacia los otros, la imagen del padre, la actividad, la expansión y el altruismo; a la izquierda, se halla el pasado, la familia, la niñez. La zona media se refiere al yo, a lo emocional, a lo cotidiano, al presente.
Juan Carlos Belda afirmó que todo signo gráfico expresa a la persona en su totalidad: inteligencia, afectividad y voluntad. Cada uno de nosotros tiene una personalidad individual, una manera de ser y una forma de escribir. A continuación expuso a los alumnos asistentes algunas firmas de Reyes de la Reconquista, que ponían castillos a los lados de su firma a modo de protección, como Fernando el Católico, por ejemplo. Era una España en guerra de fronteras. El profesor Belda destacó el simbolismo y cómo éste se plasma en gestos gráficos. También se analizaron rúbricas.
Después, el profesor Belda comentó con los alumnos las características de algunas firmas como las de Walt Disney, Lorca, Miguel de Unamuno, Michel Jackson, o el Dalai Lama.
La segunda parte del Coloquio estuvo a cargo de José Francisco González Ramírez, psicólogo y experto en Grafología, que habló sobre El Simbolismo en la escritura. “La escritura -afirmó- es un aprendizaje, que requiere un determinado nivel de desarrollo y maduración cerebral, así como haber asimilado una ingente cantidad de aprendizajes o capacidades previas”. Ningún niño empieza a escribir cuando lo vemos, sino que existe una preescritura.
Neurológicamente se han tenido que formar unas redes cerebrales que constan de conjuntos de neuronas que se activan. Estas redes básicas ya están preparadas previamente antes de que el niño pueda llegar a escribir o repetir gráficamente patrones fonéticos, y eso es posible mediante el desarrollo previo de capacidades y aprendizajes anticipatorios, que luego usa el niño para poder asimilar la escritura:
“Cuando analizamos un escrito, señaló, estamos tocando cerebro. La escritura desde que se inicia está formando cerebro. Escribir una sílaba o una palabra requiere una maduración cerebral increíble. La escritura es algo que toca el cerebro. El niño está utilizando redes neuronales cuando empieza a escribir. Ahora se dice que el cerebro se está construyendo siempre”.
Nadie llega a escribir porque sí, ni la escritura es posible solamente por repetir patrones gráficos en forma de fonemas, sílabas o palabras. El cerebro puede llegar previamente a hacer esto, porque se ha capacitado tanto a nivel neuronal como para desarrollar nuevos aprendizajes. Cuando un niño escribe automáticamente, la personalidad está ligada intrínsecamente a esa capacidad. No se puede entender sin ella, pues ambas poseen una misma naturaleza tanto neuronal como mental.
Cuando el niño propiamente escribe y descubre todo el significado de las palabras escritas, el cerebro ha dado un avance extraordinario. Escribir opera ya dentro de un nivel de programación neurolingüística.
El trazo deja de ser pura representación del movimiento espacial para lograr representar significados, y entra en el terreno profundo de la mente. Cuando esto sucede, la Grafología adquiere un nuevo valor. El trazo opera pues en el ámbito de la memoria, mezclándose con ella; lo que se escribe adquiere la cualidad de la expresión y la significación de cuantos contenidos y esencias hay en lo cognitivo y lo afectivo.
GRAFOTERAPIA
El profesor José Francisco González pasó a hablar de la Grafoterapia: “Si cambiamos nuestra escritura -ciertos hábitos- podemos modificar los circuitos neuronales en que se basan. La neurología habla de la neuroplasticidad del cerebro (el cerebro siempre se está haciendo, siempre se está conexionando de nuevo e incluso ya se ha demostrado que se están generando neuronas permanentemente, cosa que antes se creía imposible). Esto representa un potencial de incalculable valor para la Grafoterapia”.
La Grafoterapia -dijo- nos permite modificar el cerebro mediante la modificación de nuestra escritura. Cada vez se ve más claro lo que significa la escritura. Se proyecta en ella toda la mente y las capacidades mentales.
Para escribir -siguió diciendo José Francisco González- el cerebro tiene que haberse programado sensorial y perceptivamente. Esto incluye la asimilación del movimiento del cuerpo (motricidad), la representación de la imagen y el esquema corporal y los procesos de lateralización, etc. Se une el mundo lingüístico y el psicomotor. Es una mente que se hace en el cerebro.
Escribimos sobre la adquisición de automatismo psicomotores. El cerebro tiene que adquirir un tono para poder escribir después.
“Nuestro cerebro es emoción. La emoción se pega a la escritura. Escribimos con emoción, tal como somos, y con los hábitos que hemos adquirido, y con las experiencias”.
La Grafología es lo más racional del mundo, y no tendría que haber ninguna duda. El niño es un experto en la comunicación y todas las estructuras cerebrales y mentales implicadas se proyectan en la escritura. Los aspectos ambientales pueden modificar la forma de escribir.
El profesor José Francisco González comentó con los asistentes algunas letras de niños, donde se pudo ver cómo funcionan las emociones, los sentimientos… Al reformar la letra estamos reformando el cerebro.
Los grafólogos -dijo don José Francisco González Ramírez- debemos validar y no movernos solo por la intuición. La Grafometría es una parte de la Estadística que nos permite cuantificar una serie de datos esenciales para efectuar el análisis.
Al terminar el Coloquio, don Carlos Belda repartió los certificados de asistencia y don José Francisco González firmó ejemplares de su obra El lenguaje simbólico de la escritura.
BEGOÑA MARDONES GÓMEZ
Madrid, 16 de abril de 2011
COLOQUIO SOBRE GRAFOLOGÍA SIMBÓLICA, EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE GRAFOLOGÍA
Coloquio sobre Grafología simbólica, en la Sociedad Española de GrafologíaTexto e imágenes: Begoña Mardones Gómez
El que escribe confecciona su autorretratoMax Pulver
El sábado, día 16 de abril, se celebró un Coloquio sobre Grafología simbólica, en la Sociedad Española de Grafología. El profesor don Juan Carlos Belda comenzó el Encuentro con una ponencia titulada Aproximación a la Grafología simbólica.
“El inconsciente colectivo -señaló- es un concepto básico en la teoría que desarrolla el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. En ella establece que existe un lenguaje común a todos los seres humanos en todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón”.
Carlos Belda añadió que, para Jung, el inconsciente colectivo es un concepto que se puede comprobar empíricamente, ya que se expresa a través de sueños, fantasías, datos transculturales, etc.
Dentro del inconsciente colectivo -siguió diciendo el profesor Belda- se encuentran los arquetipos, que son funciones psíquicas inconscientes y colectivas, heredadas, que predisponen al ser humano a responder ante el mundo de determinadas formas.
En el símbolo encontramos un hecho complejo, no simple, aunque así nos lo parezca en una primera apreciación, dijo don Carlos Belda. En el contenido se mezclan elementos racionales e irracionales y los producimos sin reparar en ello. Un ejemplo son los garabatos que a veces realizamos mientras hablamos por teléfono o llevamos a cabo otra actividad, como en una reunión, en una clase o en una conferencia. Estos garabatos -señaló Belda- están efectuados de manera inconsciente, pues el plano de la conciencia está ocupado en la atención a quien habla o al tema en cuestión. Muchas veces efectuamos garabatos con figuras geométricas: triángulos, cuadrados, círculos. Esto también se da en la escritura. Si observamos con una lupa los grafemas podemos descubrir símbolos ocultos entre las letras. Nuestros grafismos son una muestra de que el símbolo está presente dentro de nuestra mente y lo expresamos de forma inconsciente.
Juan Carlos Belda profundizó en Escuela de Grafología Simbólica fundada por el suizo Max Pulver. Para él, el que escribe confecciona su autorretrato. El hombre refleja en su escritura símbolos que están marcados en el inconsciente.
Pulver señala que debemos fijarnos en cómo se escribe, en cómo trazamos cualquier grafema. Es importante ver cómo se realiza una firma, por ejemplo -dijo Juan Carlos Belda- que la persona nos muestre cómo hace los trazos: las progresiones, las regresiones…
La zona superior -señaló el profesor Belda- refleja la divinidad, el misticismo, el orgullo, la superioridad. Es el área del pensamiento, de la ambición, del poder, de la fantasía, de la imaginación… La zona inferior simboliza el materialismo, la sexualidad, el dinero, la excitación, el fracaso, la caída moral; es el área de la parte biológica, de los instintos, del inconsciente.
A la derecha está lo social, el camino hacia los otros, la imagen del padre, la actividad, la expansión y el altruismo; a la izquierda, se halla el pasado, la familia, la niñez. La zona media se refiere al yo, a lo emocional, a lo cotidiano, al presente.
Juan Carlos Belda afirmó que todo signo gráfico expresa a la persona en su totalidad: inteligencia, afectividad y voluntad. Cada uno de nosotros tiene una personalidad individual, una manera de ser y una forma de escribir. A continuación expuso a los alumnos asistentes algunas firmas de Reyes de la Reconquista, que ponían castillos a los lados de su firma a modo de protección, como Fernando el Católico, por ejemplo. Era una España en guerra de fronteras. El profesor Belda destacó el simbolismo y cómo éste se plasma en gestos gráficos. También se analizaron rúbricas.
Después, el profesor Belda comentó con los alumnos las características de algunas firmas como las de Walt Disney, Lorca, Miguel de Unamuno, Michel Jackson, o el Dalai Lama.
La segunda parte del Coloquio estuvo a cargo de José Francisco González Ramírez, psicólogo y experto en Grafología, que habló sobre El Simbolismo en la escritura. “La escritura -afirmó- es un aprendizaje, que requiere un determinado nivel de desarrollo y maduración cerebral, así como haber asimilado una ingente cantidad de aprendizajes o capacidades previas”. Ningún niño empieza a escribir cuando lo vemos, sino que existe una preescritura.
Neurológicamente se han tenido que formar unas redes cerebrales que constan de conjuntos de neuronas que se activan. Estas redes básicas ya están preparadas previamente antes de que el niño pueda llegar a escribir o repetir gráficamente patrones fonéticos, y eso es posible mediante el desarrollo previo de capacidades y aprendizajes anticipatorios, que luego usa el niño para poder asimilar la escritura:
“Cuando analizamos un escrito, señaló, estamos tocando cerebro. La escritura desde que se inicia está formando cerebro. Escribir una sílaba o una palabra requiere una maduración cerebral increíble. La escritura es algo que toca el cerebro. El niño está utilizando redes neuronales cuando empieza a escribir. Ahora se dice que el cerebro se está construyendo siempre”.
Nadie llega a escribir porque sí, ni la escritura es posible solamente por repetir patrones gráficos en forma de fonemas, sílabas o palabras. El cerebro puede llegar previamente a hacer esto, porque se ha capacitado tanto a nivel neuronal como para desarrollar nuevos aprendizajes. Cuando un niño escribe automáticamente, la personalidad está ligada intrínsecamente a esa capacidad. No se puede entender sin ella, pues ambas poseen una misma naturaleza tanto neuronal como mental.
Cuando el niño propiamente escribe y descubre todo el significado de las palabras escritas, el cerebro ha dado un avance extraordinario. Escribir opera ya dentro de un nivel de programación neurolingüística.
El trazo deja de ser pura representación del movimiento espacial para lograr representar significados, y entra en el terreno profundo de la mente. Cuando esto sucede, la Grafología adquiere un nuevo valor. El trazo opera pues en el ámbito de la memoria, mezclándose con ella; lo que se escribe adquiere la cualidad de la expresión y la significación de cuantos contenidos y esencias hay en lo cognitivo y lo afectivo.
GRAFOTERAPIA
El profesor José Francisco González pasó a hablar de la Grafoterapia: “Si cambiamos nuestra escritura -ciertos hábitos- podemos modificar los circuitos neuronales en que se basan. La neurología habla de la neuroplasticidad del cerebro (el cerebro siempre se está haciendo, siempre se está conexionando de nuevo e incluso ya se ha demostrado que se están generando neuronas permanentemente, cosa que antes se creía imposible). Esto representa un potencial de incalculable valor para la Grafoterapia”.
La Grafoterapia -dijo- nos permite modificar el cerebro mediante la modificación de nuestra escritura. Cada vez se ve más claro lo que significa la escritura. Se proyecta en ella toda la mente y las capacidades mentales.
Para escribir -siguió diciendo José Francisco González- el cerebro tiene que haberse programado sensorial y perceptivamente. Esto incluye la asimilación del movimiento del cuerpo (motricidad), la representación de la imagen y el esquema corporal y los procesos de lateralización, etc. Se une el mundo lingüístico y el psicomotor. Es una mente que se hace en el cerebro.
Escribimos sobre la adquisición de automatismo psicomotores. El cerebro tiene que adquirir un tono para poder escribir después.
“Nuestro cerebro es emoción. La emoción se pega a la escritura. Escribimos con emoción, tal como somos, y con los hábitos que hemos adquirido, y con las experiencias”.
La Grafología es lo más racional del mundo, y no tendría que haber ninguna duda. El niño es un experto en la comunicación y todas las estructuras cerebrales y mentales implicadas se proyectan en la escritura. Los aspectos ambientales pueden modificar la forma de escribir.
El profesor José Francisco González comentó con los asistentes algunas letras de niños, donde se pudo ver cómo funcionan las emociones, los sentimientos… Al reformar la letra estamos reformando el cerebro.
Los grafólogos -dijo don José Francisco González Ramírez- debemos validar y no movernos solo por la intuición. La Grafometría es una parte de la Estadística que nos permite cuantificar una serie de datos esenciales para efectuar el análisis.
Al terminar el Coloquio, don Carlos Belda repartió los certificados de asistencia y don José Francisco González firmó ejemplares de su obra El lenguaje simbólico de la escritura.
BEGOÑA MARDONES GÓMEZ
Madrid, 16 de abril de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
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